lunes, 14 de junio de 2010

Investigando

Me he podido dar cuenta a través de esta investigación, que en realidad no he trabajado con muchas diferencias en cuanto a lo que se propone actualmente trabajar con mi asignatura, debo comentar que debo poner especial atención sobre el tipo de prácticas que se realizarán en la misma, ya que puedo agregar casos reales, como los sugeridos en los recursos, en los que el alumno desarrolle su capacidad de toma de decisiones para resolver problemas más específicos.

En cuanto a la comunicación sabíamos que es un proceso muy importante sin embargo en muchas ocasiones podemos dejar de lado el elemento primordial de la comunicación que considero es la retroalimentación, ya que a través de esta podemos darnos cuenta si el alumno realmente entendió, e interpreto correctamente el conocimiento que compartimos con él, debemos recordar que la clase no solo la hacemos nosotros, sino debe ser una clase conformada por el profesor –alumno.

También debemos poner gran atención sobre cómo nos comunicamos con ellos, y que lenguaje o también llamados signos, utilizamos para hacerles llegar el conocimiento, debemos hacer una reflexión para reconocer si aquello que utilizamos actualmente es lo más adecuado para el tipo de alumnos con los que contamos.

La tecnología hoy en día nos permite trabajar de manera eficaz, pero de igual forma debemos poner especial atención, en ¿Qué tipo de tecnología o recursos son los adecuados para trabajar con el alumno?, y hay que recordar que siempre los debemos orientar y guiar en el uso de estas tecnologías, ya que si nos proporcionan grandes ventajas pero también tienen sus desventajas.

Hoy en día y debido a los cambios que se han generado en nuestra sociedad, economía, etc., El profesor debe convertirse en un mediador, es decir somos los encargados de que el alumno pueda desarrollar su capacidad de ser autónomo, y ser su propio generador de conocimientos, habilidades y actitudes

En cuanto a los links sugeridos al final de la lectura anterior, puedo comentarles que se me hizo sumamente interesante el que habla sobre comunicación no verbal, ya que es cierto a través de gestos, pociones, etc., podemos darnos cuenta de cosas que el alumno no nos dice de forma verbal, podemos saber si esta aburrido o distraído, y cambiar drásticamente el modo de enseñanza en ese momento para volver a atraer la atención del alumno.
Espero sus comentarios, que tengan excelente día.
Edgar Avila E.

domingo, 6 de junio de 2010

¿El aprendizaje es algo tan trivial que se puede observar y medir con base en unas simples preguntas a propósito de unos contenidos cualesquiera?

Considero que por un lado, el proceso de enseñanza-aprendizaje tradicionalmente ha sobrevalorado los aprendizajes memorísticos que no requieren pasar por un procesamiento personalizado donde a partir de estructuras previas se elaboren nuevas estructuras.
Por otro lado, es verdad que cada estudiante es un ser único e irrepetible, que cada uno construirá su propio conocimiento, pero resulta algo sumamente difícil considerar esto a la hora de planear nuestras intervenciones docentes incluyendo la forma de evaluar los aprendizajes de nuestros estudiantes.
En efecto el aprendizaje que cada estudiante logra en sus cursos no es tan fácil de medir, pues cada uno construirá sus propias estructuras, pero hay que tomar en cuenta que en la realidad de nuestro proceso educativo es muy difícil considerar todo esto, sobre todo si contamos con 3 o 5 grupos cada uno de 50 alumnos y con mínimos recursos y tiempo efectivo.
Considero que la masificación de la educación nos ha llevado a trivializar el proceso de aprendizaje. Es difícil para nosotros los docentes poder considerar la opción que cada estudiante presenta para apropiarse de la realidad del mundo.
Sin embargo, podemos tomar acciones que traten de restar la trivialización antes mencionada, por ejemplo si en lugar de aplicar exámenes meramente memorísticos en donde hagamos preguntas solo de contenidos, los substituimos por la solución de casos reales en los que se vean implicados los conocimientos pretendidos en cada materia, podremos evaluar de forma más acertada la adquisición de las competencias y observar o medir de forma menos subjetiva los aprendizajes de nuestros estudiantes.
A propósito de las competencias, la acción no sólo implica actividad física, sino un conjunto de operaciones afectivas, cognitivas y conductuales que permiten encarar la realidad y actuar en ella; y es por todo esto, que el aprendizaje no es algo tan trivial, y no se puede observar o medir realizando solo preguntas relacionadas con contenidos de alguna materia.
Además, el aprendizaje que mejor desarrolla las competencias es un aprendizaje que se encuentra situado, por lo que una forma más certera de observar o medir los aprendizajes sería entonces, enfrentando a los estudiantes a situaciones problemáticas (aprendizaje situado) cuyas exigencias de acción los obliguen a movilizar conocimientos previos con el objetivo de que construyan nuevos conocimientos y que reorganicen sus esquemas.
El conflicto cognitivo, el romper sus esquemas, el ambiente motivacional a través de preguntas generadoras nos permitirá a los docentes observar y medir de forma más eficiente los aprendizajes de nuestros estudiantes.
Edgar Avila E.

Concepciones de aprendizaje y enfoque por competencias

Las concepciones que me parecen tienen mucha congruencia con el enfoque por competencias son:
Teoría del procesamiento de la información:
Debido a que las leyes que propone, (captación y filtro, almacenamiento momentáneo, organización y almacenamiento definitivo), toman en cuenta la interacción con el medio que es lo que busca el enfoque basado en competencias, obteniendo información del mismo para realizar un reconocimiento y codificación conceptual, para posteriormente almacenar el conocimiento en forma de redes, donde la información podrá ser recuperada cuando sea necesario.
Aprendizaje por descubrimiento:
Ya que esta concepción atribuye una gran importancia a la actividad directa de los estudiantes sobre la realidad, a través de la Experimentación directa, Aprendizaje por penetración comprensiva, práctica de la inducción y currículo en espiral, y considero que es de las concepciones que más tienen congruencia con el enfoque por competencia, ya que implica práctica de los conocimientos y su transferencia a diversas situaciones ( Resolver problemas reales que tienen que ver con el entorno en el cual se desenvuelven) , el alumno experimenta, descubre y comprende lo que es relevante, y se realiza una revisión y ampliación periódica de los conocimientos adquiridos como se maneja en el enfoque por competencias.
Aprendizaje significativo:
Esta concepción de aprendizaje desarrolla el aprendizaje significativo, no memorístico, la utilización y mezcla de conocimientos previos con conocimientos nuevos que generan interés en el estudiante.
Constructivismo:
Esta concepción adopta un modelo que toma en cuenta la consideración de la adaptación de los individuos al medio, que a final de cuentas es lo que también busca el enfoque por competencias, construir el propio conocimiento mediante la interacción con el medio, ya que los estudiantes comprenden mejor si están envueltos en tareas y actividades que cautivan su atención.
Edgar Avila E.

sábado, 8 de mayo de 2010

Mi confrontación con la Docencia

Soy Lic. En Informática, egresado del Tecnológico de Estudios Superiores de Ecatepec (TESE). Mis inicios en la docencia fueron cuando estudiaba la preparatoria gracias a que realizando mis practicas profesionales en la Asociación Mexicana de Diabetes, en ese tiempo empezaba el boom de cambiar las maquinas de escribir por computadoras y la mayoría del personal era gente que jamás había estado frente a una computadora por lo tanto se generaba un poco de inconformidad ya que algunos pensaban que perderían su trabajo, por lo que mi jefe me asigno la tarea de capacitarlos en este maravilloso mundo de la computación. Debo reconocer que no fue nada fácil, Con el paso del tiempo me di cuenta que no lo hacia nada mal y me sentía muy bien haciendo ese trabajo.
Años después estudiando la Universidad como parte del servicio social, me incorpore con algunos maestros para formar un grupo de talleres dando clases y asesorias de algunas materias que se impartían en 1°,2°,3°,4°, y 5° semestre de la carrera (informática). Por esas fechas conocí a una persona que estaba de apoyo en el área de servicios escolares en la escuela y me comento que ella estudiaba en conalep y que estaban solicitando profesores del área de informática por lo que no lo pensé y fui a una entrevista, teniendo como antecedente lo antes mencionado, debo mencionar que por mi edad no me creían que ya había estado frente a un grupo de personas dando clase por lo que tuve que dar dos clases muestra una frente a administrativos y otra frente al grupo que posteriormente me asignarían. Desde ese tiempo formo parte del plantel Conalep Ecatepec II de eso ya son diez años.
Me siento feliz de ser Docente, pues en realidad lo disfruto, que tenemos una responsabilidad muy grande y no todo es fácil con los adolescentes es cierto, pero hay que saber o tratar de hacerlo lo mejor posible, una de las frases que me gusta mucho utilizar es que a la escuela no vamos a estudiar para los exámenes si no para la vida, Tratando de convencerlos no de obligarlos y en realidad funciona.
Yo considero que no hay una mayor satisfacción para un profesor que el que un alumno te de las gracias por haberle compartido los conocimientos necesarios para el trabajo en el que ahora se esta desempeñando, o simplemente por los conocimientos que ahora utiliza en la carrera que esta estudiando actualmente, o bien los conocimientos que esta aplicando en su nuevo semestre con otro profesor con las bases y principios que uno le enseño.
Lamentablemente no somos dioses, y tal vez no podemos rescatar a todos aquellos alumnos que se niegan solos el derecho de salir adelante y estudiar, pero se trata de que sean los menos posibles, esa sería una de las causas que me provoca insatisfacción, en mi trabajo.
En estos 10 años en la Institución ya he observado a varias generaciones salir, y he visto a muchos de mis alumnos superarse en la escuela y en sus trabajos, y que me lo vengan a contar y a seguir pidiéndome ayuda en algunas dudas que les llegan a surgir para mi es un regalo muy grande y me hace pensar en seguir muchos años más. Sabemos que problemas externos para los docentes hay muchos (El pago de Horas, la motivación por parte de los jefes, los programas, etc. ) pero de uno depende hacer la diferencia.

Mi aventura de ser docente


José M. Esteve
Universidad de Málaga
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Ponencia presentada en las XXXI Jornadas de Centros Educativos
Universidad de Navarra. 4 de febrero de 2003
Tras veinticinco años de recorrido profesional, el autor afirma que se aprende a ser profesor por ensayo y por error. En el camino deben sortearse distintas dificultades, como elaborar tu propia identidad profesional, dominar las técnicas básicas para ser un buen interlocutor, resolver el problema de la disciplina y adaptar los contenidos al nivel de conocimiento del alumnado.
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La enseñanza es una profesión ambivalente. En ella te puedes aburrir soberanamente, y vivir cada clase con una profunda ansiedad; pero también puedes estar a gusto, rozar cada día el cielo con las manos, y vivir con pasión el descubrimiento que, en cada clase, hacen tus alumnos.
Como casi todo el mundo, yo me inicié en la enseñanza con altas dosis de ansiedad; quizás porque, como he escrito en otra parte, nadie nos enseña a ser profesores y tenemos que aprenderlo nosotros mismos por ensayo y error. Aún me acuerdo de mi primer día de clase: toda mi seguridad superficial se fue abajo al oír una voz femenina a mi espalda: “¡Qué cara de crío. A éste nos lo comemos!”. Aún me acuerdo de mi miedo a que se me acabara la materia que había preparado para cada clase, a que un alumno me hiciera preguntas comprometidas, a perder un folio de mis apuntes y no poder seguir la clase... Aún me acuerdo de la tensión diaria para aparentar un serio academicismo, para aparentar que todo estaba bajo control, para aparentar una sabiduría que estaba lejos de poseer...
Luego, con el paso del tiempo, corrigiendo errores y apuntalando lo positivo, pude abandonar las apariencias y me gané la libertad de ser profesor: la libertad de estar en clase con seguridad en mí mismo, con un buen conocimiento de lo que se puede y lo que no se puede hacer en una clase; la libertad de decir lo que pienso, de ensayar nuevas técnicas para explicar un tema, de cambiar formas y modificar contenidos . Y con la libertad llegó la alegría: la alegría de sentirme útil a los demás, la alegría de una alta valoración de mi trabajo, la alegría por haber escapado a la rutina convirtiendo cada clase en una aventura y en un reto intelectual.
Pensar y sentir
El camino y la meta me los marcó Unamuno en una necrológica de Giner de los Ríos, leída por azar en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza: “Era tan hombre y tan maestro, y tan poco profesor -el que profesa algo-, que su pensamiento estaba en continua y constante marcha, mejor aun, conocimiento... y es que no escribía lo ya pensado, sino que pensaba escribiendo como pensaba hablando, pensaba viviendo, que era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir”.
”Era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir”... Miguel de Unamuno y su preocupación por enlazar pensamiento y sentimiento... Nunca encontré una mejor definición del magisterio: dedicar la propia vida a pensar y sentir, y a hacer pensar y sentir; ambas cosas juntas. Muchos colegas coinciden en este punto. Mª Carmen Díez, desde la escuela primaria, expresa así su visión actual de la enseñanza: “ahora entiendo la escuela como un sitio adonde vamos a aprender, donde compartimos el tiempo, el espacio y el afecto con los demás; donde siempre habrá alguien para sorprenderte, para emocionarte, para decirte al oído algún secreto magnífico”. Fernando Corbalán, un profesor de secundaria, tras hablarnos de que en clase tenemos que divertirnos, buscar el ansia de saber y propiciar una atmósfera de investigación, concluye: “Y no se piense que sólo se abre la mente a los alumnos. También la del profesor se expande y se llena de nuevos matices y perspectivas más amplias, y funciona la relación enriquecedora en los dos sentidos . Mi experiencia, al menos, me dice que algunos de los juegos y problemas con los que he disfrutado, y que sigo utilizando, han tenido su origen en la dinámica de la clase... Y cuando se crea esa atmósfera mágica en clase, con los fluidos intelectuales en movimiento, pocas actividades hay más placenteras”.
Hace tiempo, descubrí que el objetivo es ser maestro de humanidad. Lo único que de verdad importa es ayudarles a comprenderse a sí mismos y a entender el mundo que les rodea. Para ello, no hay otro camino que rescatar, en cada una de nuestras lecciones, el valor humano del conocimiento. Todas las ciencias tienen en su origen a un hombre o una mujer preocupados por desentrañar la estructura de la realidad. Alguien, alguna vez, elaboró los conocimientos del tema que explicas, como respuesta a una preocupación vital. Alguien, sumido en la duda, inquieto por una nueva pregunta, elaboró los conocimientos del tema que mañana te toca explicar. Y ahora, para hacer que tus alumnos aprendan la respuesta, no tienes otro camino más que rescatar la pregunta original. No tiene sentido dar respuestas a quienes no se han planteado la pregunta; por eso, la tarea básica del docente es recuperar las preguntas, las inquietudes, el proceso de búsqueda de los hombres y mujeres que elaboraron los conocimientos que ahora figuran en nuestros libros. La primera tarea es crear inquietud, descubrir el valor de lo que vamos a aprender, recrear el estado de curiosidad en el que se elaboraron las respuestas. Para ello hay que abandonar las profesiones de fe en las respuestas ordenadas de los libros, hay que volver las miradas de nuestros alumnos hacia el mundo que nos rodea y rescatar las preguntas iniciales obligándoles a pensar.
Cada día, antes de explicar un tema, necesito preguntarme qué sentido tiene el que yo me ponga ante un grupo de alumnos para hablar de esos contenidos, qué les voy a aportar, qué espero conseguir. Y luego, cómo enganchar lo que ellos saben, lo que han vivido, lo que les puede preocupar, con los nuevos contenidos que voy a introducir. Por último me lanzo un reto: me tengo que divertir explicándolo , y esto es imposible si cada año repito la explicación del tema como una salmodia, con la misma gracia en el mismo sitio y los mismos ejemplos; llevo treinta años oyéndome explicar los temas, en algunas ocasiones, repitiéndolos dos o tres veces en distintos grupos; he calculado que me jubilo el año 2.021 y estoy seguro de que moriré de aburrimiento si me oigo año tras año repitiendo lo mismo, con mis papeles cada vez más amarillos y los rebordes carcomidos. La renovación pedagógica, para mí, es una forma de egoísmo: con independencia del deseo de mejorar el aprendizaje de mis alumnos, la necesito como una forma de encontrarme vivo en la enseñanza, como un desafío personal para investigar nuevas formas de comunicación, nuevos caminos para hacer pensar a mis alumnos... “pensaba hablando, pensaba viviendo, que era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir...” Desde esta perspectiva, la enseñanza recupera cada día el sentido de una aventura que te rescata del tedio y del aburrimiento, y entonces encuentras la libertad de expresar en clase algo que te es muy querido. Inmediatamente recibes la respuesta: cien alumnos pican el anzuelo de tu palabra y ya puedes dejar correr el sedal, modulas el ritmo de tu explicación a la frecuencia que ellos emiten con sus gestos y sus preguntas, y la hora se pasa en un suspiro -también para ellos-. Y entonces descubres la alegría: ese momento de magia te recompensa las horas de estudio y te hace sentirte útil en la enseñanza.
No hay mejor regalo de los dioses que encontrar un maestro. A veces tenemos la fortuna de encontrar a alguien cuya palabra nos abre horizontes antes insospechados, nos enfrenta con nosotros mismos rompiendo las barreras de nuestras limitaciones; su discurso rescata pensamientos presentidos que no nos atrevíamos a formular, e inquietudes latentes que estallan con una nueva luz. Y, curiosamente, no nos sentimos humillados por seguir el curso de un pensamiento ajeno; por el contrario, su discurso nos libera y nos ensancha creando en nosotros un juicio paralelo con el que reestructuramos nuestra forma de ver la realidad; y luego, extinguida la palabra, aún encontramos los ecos que rebotan en nuestro interior obligándonos a ir más allá, a pensar por nuestra cuenta, a extraer nuevas conclusiones que no estaban en el discurso original... Este es el objetivo: ser maestros de humanidad... a través de las materias que enseñamos, o quizás, a pesar de las materias que enseñamos; recuperar y transmitir el sentido de la sabiduría; rescatar para nuestros alumnos, de entre la maraña de la ciencia y la cultura, el sentido de lo fundamental permitiéndoles entenderse a sí mismos y explicar el mundo que les rodea.
Las dificultades
He hablado de mis precarios inicios en la enseñanza, y de mi visión actual tras treinta años de recorrido profesional; pero, para ayudar a otros a recorrer el mismo camino, tengo ahora que hablar del proceso intermedio, e, inevitablemente, de las dificultades a sortear.
Identidad profesional
El primer problema consiste en elaborar tu propia identidad profesional. Esto implica cambiar tu mentalidad, desde la posición del alumno que siempre has sido, hasta descubrir en qué consiste ser profesor. Y aquí aparecen los primeros problemas, porque hay enseñantes que no aceptan el trabajo de ser profesor . Las dificultades suelen ser distintas entre los profesores de primaria respecto a los de secundaria.
Entre los de primaria el peor problema es la idealización: la formación inicial que han recibido suele repetir con insistencia lo que el buen profesor “debe hacer”, lo que “debe pensar” y lo que “debe evitar”; pero nadie les ha explicado, en términos prácticos, cómo actuar, cómo enfocar los problemas de forma positiva y cómo eludir las dificultades más comunes. Han aprendido contenidos de enseñanza, pero no saben cómo organizar una clase, ni cómo ganarse el derecho a hacerse oír. Así, se les ha repetido hasta la saciedad la importancia de la motivación para el aprendizaje significativo: “el buen profesor debe motivar a sus alumnos”; pero nadie se ha preocupado de que aprendieran de forma práctica diez técnicas específicas de motivación. Pese a que una de las principales tareas a desarrollar en su trabajo será la enseñanza de la lectura y la escritura, muy pocas diplomaturas de maestro incluyen un curso de lectoescritura, mientras que es frecuente que se dediquen cursos enteros al aprendizaje de la fonética.
Por estos caminos, al llegar al trabajo práctico en la enseñanza, el profesor novato se encuentra con que tiene claro el modelo de profesor ideal, pero no sabe cómo hacerlo realidad. Tiene claro lo que debería hacer en clase, pero no sabe cómo hacerlo. “El choque con la realidad” dura dos o tres años; en ellos el profesor novato tiene que solucionar los problemas prácticos que implica entrar en una clase, cerrar la puerta y quedarse a solas con un grupo de alumnos.
En este aprendizaje por ensayo y error, uno de los peores caminos es el de querer responder al retrato robot del “profesor ideal”; quienes lo intentan descubren la ansiedad de comparar, cada día, las limitaciones de una persona de carne y hueso con el fantasma etéreo de un estereotipo ideal. Desde esta perspectiva, si las cosas salen mal es por que yo no valgo, por que yo no soy capaz de dominar la clase; y, de esta forma, los profesores novatos se ponen a sí mismos en cuestión, y, a veces, cortan los canales de comunicación con los compañeros que podrían ayudarles: ¿cómo reconocer ante otros que yo tengo problemas en la enseñanza, si el “buen profesor” no “debe” tener problemas en clase? Como señala el artículo de Fernández Cruz, la identidad profesional se alcanza tras consolidar un repertorio pedagógico y tras un periodo de especialización, en el que el profesor novato tiene que volver a estudiar temas y estrategias de clase, ahora desde el punto de vista del profesor práctico y no del estudiante de magisterio.
Entre los profesores de secundaria, el problema de la identidad profesional es mucho más grave. Como señala Fernando Corbalán: “la inmensa mayoría de los profesores de secundaria nunca tuvimos una vocación clara de enseñantes... Estudiamos una carrera para otra cosa (matemático profesional, químico, físico,...)”. En efecto, nuestros profesores de secundaria se forman en unas Facultades universitarias de Ciencias y Letras que, ni por asomo, pretenden formar profesores. En ellas predomina el modelo del investigador especialista. Como resultado de este modelo, el profesor que llega al Instituto para explicar Geografía e Historia, y, con un poco de mala suerte un curso suelto de Ética, se identifica a sí mismo como “medievalista”, ya que, durante los últimos cinco años de su vida, la Universidad le ha insistido en la necesidad de estudiar Paleografía, Epigrafía y Numismática, Latín y Árabe para acceder a los documentos medievales, y se le ha iniciado en el trabajo de Archivo, centrándole en una época histórica muy determinada y permitiéndole olvidar el resto de la historia. Al parecer, nadie se ha puesto a pensar en el problema de identidad que sobreviene a nuestro medievalista cuando se enfrenta a una clase bulliciosa de treinta adolescentes en una zona rural o en un bario conflictivo. El sentimiento de error y de autoconmiseración se apodera de nuestro nuevo profesor. El es un investigador, un medievalista, ha pasado dos veranos en el archivo de Simancas preparando su Tesina entre documentos originales que él es capaz de descifrar... ¿por qué le obligan ahora a enseñar Historia General, que no es lo suyo, y, de paso Geografía y Ética? Y, además, descubre horrorizado que los alumnos no tienen el menor interés por la Historia, y que temas claves de su especialidad -como el apasionante tema de su tesina- se despachan con dos párrafos en el libro de texto.
Para colmo, nuestro futuro profesor de secundaria se da cuenta de que no sabe cómo organizar una clase, cómo lograr un mínimo orden que permita el trabajo y cómo ganarse la atención de los alumnos. Aquí, el problema de perfilar una identidad profesional estable pasa por un auténtico proceso de reconversión, en el que el elemento central consiste en comprender que la esencia del trabajo del profesor es estar al servicio del aprendizaje de los alumnos. ¡Qué duro resulta comprender esto a la mayor parte de nuestros profesores de secundaria y de Universidad! Ellos son investigadores, especialistas, químicos inorgánicos o físicos nucleares, medievalistas o arqueólogos, ¿por qué van ellos a rebajar sus niveles de conocimientos a la mentalidad de treinta adolescentes bárbaros? ¡Hay que mantener el nivel! -gritan exaltados-, y ello significa, en la práctica, que dan clase para dos o tres privilegiados, mientras el resto de los alumnos van quedando descolgados. Y además, hasta el fin de sus días, vivirán la enseñanza rumiando la afrenta de que la sociedad les obligue a abandonar el Olimpo de su investigación para mantener contacto un grupo de adolescentes.
Por contra, algunos profesores consiguen estar a gusto en su trabajo, y descubren que esto pasa, necesariamente, por una actitud de servicio hacia los alumnos, por el reconocimiento de la ignorancia como el estado inicial previsible, por aceptar que la primera tarea es encender el deseo de saber, por aceptar que el trabajo consiste en reconvertir lo que sabes para hacerlo accesible a un grupo de adolescentes... Un viejo maestro me decía que, enseñar al que no sabe está catalogado, oficialmente, entre las obras de misericordia; y, en efecto, hace falta un cierto sentido de la humildad para aceptar que tu trabajo consiste en estar a su servicio, en responder a sus preguntas sin humillarlos, en esperar algunas horas en tu despacho por si alguno quiere una explicación extra, en buscar materiales que les hagan asequible lo esencial, y en recuperar lagunas de años anteriores para permitirles acceder a los nuevos conocimientos. Lo único verdaderamente importante son los alumnos... Esa enorme empresa que es la enseñanza no tiene como fin nuestro lucimiento personal, nosotros estamos allí para transmitir la ciencia y la cultura a las nuevas generaciones, para transmitir los valores y las certezas que la humanidad ha ido recopilando con el paso del tiempo, y advertir a las nuevas generaciones del alcance de nuestros grandes fracasos colectivos. Esa es la tarea con la que hemos de llegar a identificarnos.
Comunicación e interacción
El segundo problema a solucionar para ganarse la libertad de estar a gusto en clase hace referencia a nuestro papel de interlocutor. Un profesor es un comunicador, es un intermediario entre la ciencia y los alumnos, que necesita dominar las técnicas básicas de la comunicación. Además, en la mayor parte de los casos, las situaciones de enseñanza se desarrollan en un ámbito grupal, exigiendo de los profesores un dominio de las técnicas de comunicación grupal. Por tanto, ese proceso de aprendizaje inicial, que ahora se hace por ensayo y error, implica entender que una clase funciona como un sistema de comunicación e interacción.
Una buena parte de las ansiedades y los problemas de los profesores debutantes se centran en este ámbito formal de lo que se puede y lo que no se puede decir o hacer en una clase. El profesor novato descubre enseguida que, además de los contenidos de enseñanza, necesita encontrar unas formas adecuadas de expresión, en las que los silencios son tan importantes como las palabras, en las que el uso de una expresión castiza puede ser simpático o hundirnos en el más espantoso de los ridículos. El problema no consiste sólo en presentar correctamente nuestros contenidos, sino también en saber escuchar, en saber preguntar y en distinguir claramente el momento en que debemos abandonar la escena. Para ello hay que dominar los códigos y los canales de comunicación, verbales, gestuales y audiovisuales; hay que saber distinguir los distintos climas que crean en el grupo de clase los distintos tonos de voz que el profesor puede usar: un tono grave y pausado induce al grupo a la reflexión, mientras que si queremos animar un debate debemos subir algo el tono de voz... etc.
Los profesores experimentados saben qué lugar físico deben ocupar en una clase, dependiendo de lo que ocurra en ella; saben interpretar las señales gestuales que emiten los alumnos para regular nuestro ritmo de clase, y el dominio de éstas y otras habilidades de comunicación requiere entrenamiento, reflexión y una constante actitud de autocrítica para depurar nuestro propio estilo docente. Al final, conseguimos ser dueños de nuestra forma de estar en clase, conseguimos comunicar lo que exactamente queremos decir, y logramos mantener una corriente de empatía con nuestros alumnos.
Disciplina
Otro obstáculo serio a superar, quizás el que genera en los novatos la mayor ansiedad, es el problema de la disciplina. En realidad, es un problema muy unido a nuestros sentimientos de seguridad y a nuestra propia identidad como profesores. En este tema he visto de todo: desde colegas que entran el primer día en clase pisando fuerte, con aires de matón de barrio, porque alguien les ha dado el viejo consejo de que no pueden sonreír hasta Navidad, hasta colegas desprotegidos e indefensos incapaces de soportar el más mínimo conflicto personal. Entre esos dos extremos que van desde la indefensión hasta las respuestas agresivas, el profesor tiene que encontrar una forma de organizar a la clase para que trabaje con un orden productivo. Y, en cuanto comienza a hacerlo, descubre que esto tampoco se lo han enseñado. Se supone que el “buen profesor” debe saber organizar la clase, pero en pocas ocasiones se le ha contado al futuro profesor dónde está la clave para que el grupo funcione sin conflictos.
El viejo supuesto, según el cual, “para enseñar una asignatura lo único realmente importante es dominar su contenido” encuentra en este campo su negación más radical. Entonces, el profesor descubre que debe atender otras tareas distintas a las de enseñar: tiene que definir funciones, delimitar responsabilidades, discutir y negociar los sistemas de trabajo y de evaluación hasta conseguir que el grupo trabaje como tal. Y esto requiere una atención especial, a la que también hay que dedicar un cierto tiempo. El razonamiento y el diálogo son las mejores armas, junto con el convencimiento de que los alumnos no son enemigos de quienes tienes que defenderte. Mi experiencia me dice que los alumnos son seres esencialmente razonables; es posible que, si te dejas, intenten llevarte al huerto y bajar algo tus niveles de exigencia, pero si la razón te asiste y en ella fundas tu propia seguridad, los alumnos saben descubrir muy bien cuáles son los límites.
Contenidos y niveles
Por último, nos queda el problema de adaptar los contenidos de enseñanza al nivel de conocimientos de los alumnos. El profesor novato tiene que entender que ha dejado la Universidad, tiene que desprenderse de los estilos académicos del investigador especialista, y adecuar su enfoque de los conocimientos para hacerlos asequibles a su grupo de clase. Yo también protesto por el bajo nivel con el que me llegan mis alumnos, pero protestar no sirve de nada, tienes los alumnos que tienes, y con ellos no hay más que una alternativa: o los enganchas en el deseo de saber, o los vas dejando tirados conforme avanzas en tus explicaciones . Hay quien, en salvaguarda del nivel de enseñanza, adopta la segunda opción; pero a mí siempre me ha parecido el reconocimiento implícito de un fracaso; quizás porque, como dije antes, hace tiempo que descubrí que en cualquier asignatura, lo único importante es ser maestro de humanidad.
El orgullo de ser profesor
Y ahora, ya, el tiempo corre en mi contra. No espero nada nuevo del futuro: he hecho lo que quería hacer, y estoy donde quería estar. Es posible que mucha gente piense que ser profesor no es algo socialmente relevante, pues nuestra sociedad sólo valora el poder y el dinero; pero a mí me queda el desafío del saber y la pasión por comunicarlo. Me siento heredero de treinta siglos de cultura, y responsable de que mis alumnos asimilen nuestros mejores logros y extraigan consecuencias de nuestros peores fracasos. Y, junto a mí, veo a un nutrido grupo de colegas, en las zonas rurales más apartadas y en los barrios más conflictivos, orgullosos de ser profesores, trabajando día a día por mantener en nuestra sociedad los valores de la cultura y el progreso... entre ellos hay valiosos maestros de humanidad: hombres y mujeres empeñados en enseñar a sus alumnos a enfrentarse consigo mismos desde el preescolar hasta la Universidad.
MI COMENTARIO:LA AVENTURA DE SER DOCENTE
Después de haber leído el texto “La aventura de ser maestros”, coincido en que la mayoría de nosotros aprendimos a ser docentes por ensayo y error, en mi caso sabía que compartir mis conocimientos era lo mío pero honestamente no sabía como compartir esos conocimientos de manera que mis alumnos tuvieran un aprendizaje significativo.

Yo aplicaba lo que suponía era mejor para explicar un tema, pero poco a poco con el paso del tiempo, me sentí como en la lectura, libre de poder adaptar los temas a los medios con los que contaba y así lograr mejores resultados.

También con el tiempo he mejorado la comunicación con los alumnos, siempre con un trato cordial y estando de común acuerdo con la forma de trabajar y evaluar siempre siendo muy claro.

No hay que pensar que somos los todos poderosos ya que también nosotros aprendemos mucho de los alumnos, no solo en lo profesional si no en el aspecto personal. Hay que tener humildad, y aceptar nuestros errores y aprender de ellos.

También reconozco que hay que sembrar en el alumno el interés por cada uno de los módulos que impartimos, explicarles, el como, el porque y para que, es necesario aprenderlo, esto de verdad funciona y crea una visión muy distinta en el alumno.

Considero importante que debemos estar convencidos de lo que estamos haciendo, sentirnos bien y orgullosos de nuestro trabajo, ya que si no es así, no lograremos llegar a nuestro principal objetivo, el que los alumnos aprendan. Hay que tomar en cuenta, que nuestros alumnos son personas, piensan, y sienten al igual que nosotros, debemos y debemos formar un gran equipo. ¿No lo creen así?

Los saberes de mis estudiantes

• Mis estudiantes manifiestan que realizan diversas actividades en Internet como lo son: búsqueda de información tanto de carácter educativo, así como también de entretenimiento y diversión. Utilizan la red para comunicarse a través de redes sociales como facebook, twitter, etc., también utilizan el correo electrónico, chats, Messenger, así como diversos foros para debatir sobre algún tema específico.
• Lo que proponemos hacer para aprovechar estos saberes en el aula es enfocarnos a la búsqueda de temas de interés, con relación al módulo que estamos estudiando (videos, manuales, etc.) el compartir información entre compañeros y maestros a través de un blog, utilizar también el correo electrónico Institucional de los alumnos para el intercambio de información.
• En cuanto a ¿Quién va enseñar a quién? Y ¿Qué le enseñara?, la enseñanza será mutua, entre alumnos y maestro, tanto en el uso y creación del blog, como en el de los temas que se manejen dentro del blog de acuerdo al módulo que se está impartiendo.